Con “Eliminator” (23 marzo 1983), los tejanos ZZ Top ejecutaron una absoluta puesta al día de su sonido. No sólo acertaron con la “modernización” del viejo blues rock boogie de raíces sureñas que practican mediante sonidos pregrabados, sino que reunieron toda una colección de hits imbatibles que hicieron de este álbum el más completo y mejor de su carrera. Claro está que los puristas preferirán la época inicial de los primeros 70 (con excelentes trabajos como “Tres hombres” -1973-). Yo me quedo con todo un poco, pero valoro más “Eliminator” por su cierta dosis de riesgo y evolución, algo infrecuente en el mundo del blues-rock. En cualquier caso, una nueva muestra del talento de Billy Gibbons como el gran y efectivo guitarrista que es.
En 1979, los británicos Status Quo dominaban las listas de éxitos, llevaban ya unos 10 años haciéndolo, con su boogie-rock pegadizo y marchoso. Varios de sus álbumes habían alcanzado el número 1 en el Reino Unido (“Hello” -1973-, “On The Level” -1975- y “Blue For You” -1976-) pero aún les faltaba el disco redondo. Incluso habían tratado de abrir nuevas vías a su estilo (“Rockin’ All Over The World” -1977-, “If You Can’t Stand The Heat” -1978-), que venía siendo acusado de elemental. Sí, ¿y qué? Pues, vuelta a lo que mejor sabían hacer, la formación clásica (Francis Rossi -voz, guitarra-, Rick Parfitt -guitarra, voz-. Alan Lancaster -bajo, voz- y John Coghlan -batería-) editó su obra más madura, “Whatever You Want” (octubre 1979), que contiene su sonido más característico llevado al máximo, letras más profundas y singles imbatibles.
Como canciones, “Whatever You Want” y “Living On An Island” se convirtieron a partir de entonces en los nuevos himnos de la banda. El primero habla del afán de libertad, al igual que “Runaway”; el segundo del lado oscuro de la fama, lo mismo que “High Flyer” y “Breaking Away”; los sempiternos problemas con las mujeres aparecen en “Shady Lady” y “Your Smiling Face”; incluso los desencuentros internos del grupo se pueden vislumbrar en “Who Asked You?”; y, evidentemente, el rock mismo como forma de vida tiene su homenaje en el díptico “Come Rock With Me” / “Rockin’ On”. El resultado conjunto es excelente, pero, en concreto, la cara A (cuando los discos tenían caras) es una de las mejores dosis adrenalíticas de la historia del rock. Si la escuchas y no sientes una sacudida en el cuerpo es que estás muerto, tío.